A solas con unos cuantos

A veces andamos por la vida con máscaras o interpretamos personajes ficticios para Espionaje-domésticoencajar en un determinado grupo social, pero es cuando nos encontramos a solas, sin temores ni limitantes, que somos nosotros mismos. Nos relajamos y liberamos nuestras fantasías, andamos desnudos en cuerpo y alma y hacemos uso de nuestra autonomía de expresión. Nadie nos está observando o, al menos, eso creemos.

Pocos se detienen a pensar o a mirar detenidamente a su alrededor. Damos por sentado que disfrutamos de una privacidad a salvo en el hogar y que, a no ser un ladrón, nadie más la va a sesgar. El espionaje nos parece asunto de otra dimensión o de filmes hollywoodenses, pero es más común de lo que creemos.

Tal vez nuestra intimidad fue transgredida desde hace tiempo con el pretexto de salvaguardar la seguridad. Quizás en este preciso instante somos monitoreados, nuestras llamadas y correos están intervenidos, tenemos tantos micrófonos como en un concierto, alguien conoce nuestras costumbres al detalle y lo que pretendemos como cuestión personal es de conocimiento público.

imagesNadie escapa de la obsesión de unos pocos por el control absoluto sobre la información. Se obvia que la privacidad no es un mérito, sino un derecho de cada ciudadano. Así lo estipula el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas: “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su correspondencia, ni de ataques a su honra o su reputación”.

A la transgresión de este principio básico nos remite el filme La vida de los otros (Das Leben der Anderen), para mostrarnos que constantemente somos víctimas de una seudoprivacidad y alertarnos ante la indetenible laceración de nuestra libertad.

Las revelaciones del director de Wikileaks, Julian Assange, y las acusaciones esgrimidas snowden_espionaje_efe_21062013contra algunas redes sociales nos advierten que no es un fenómeno tan distante como parece. Los riesgos de que esto sea parte del paisaje cotidiano y de que la privacidad sea cosa del pasado cuando un fin superior lo exija han dejado de ser una teoría para concretarse en una realidad.

No somos advertidos de que las nuevas tecnologías de las telecomunicaciones viabilizan un espacio donde cada paso que demos está controlado y las idea son vigiladas por un agente externo que nos regula y flagela, incluso sin darnos cuenta.

la-vida-de-los-otros-florian-henckel-donnersmarck-dvd_MLA-F-130924145_471El móvil es que ninguna esfera es privada y nada merece el calificativo de sagrado, pero ¿tienen derecho a intervenir en nuestra intimidad y hacer con esa información lo que estimen conveniente? ¿Contaron con alguien para hacerlo? ¿Somos fichas de ajedrez sin voz ni voto caminando sobre un tablero?

Esas son algunas de las preguntas que formulamos cuando concluye la película y nos percatamos de que Georg Dreyman no es un personaje ficticio, sino una representación de nuestras vidas, en las cuales más que a solas, estamos con unos cuantos.

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