De la cuna a la tumba

Todos nacimos ángeles, así reza una canción del grupo Buena Fe. Y están en lo cierto recien-nacido-3porque cuando llegamos al mundo no tenemos nada de picardía o de malicia.

En la niñez nuestras mentes solo tienen espacio para jugar y comer chucherías, no tenemos inquietudes porque nos lo dan todo y basta con llorar un rato para lograr lo que queremos.

Soñamos con ser pilotos, maestros, actores, bomberos o policías. Luego poco a poco vamos creciendo y empezamos a preocuparnos por nuestra apariencia, a interesarnos en vernos bien y ser aceptados por nuestros amigos.

La adolescencia nos abre las puertas del amor, comienzan los intercambios de cartas, las faldas se vuelven cortas y las gangarrias hacen gala, se estrechan las camisas y se caen los pantalones.

o-JOVENES-SIN-TRABAJO-facebookPocos se centran en el estudio, y la mayoría malgasta su tiempo en descarguitas, escuchar música o discutir sobre lo último de la moda. Nos creemos maduros y con derecho a hacer lo que nos da la gana.

Es el momento de buscar el grupo con el que nos sentimos identificados, de dejarnos llevar por los amigos y revelarnos a nuestros progenitores. Somos rockeros, emos, repas, frickis y cuanta tribu urbana aparezca.

Llega el pre y comienza la presión de los padres y de la sociedad, todos quieren que seas un hombre de bien y te conviertas en un profesional. Empiezas a preocuparte PM946626@UAE-Blackberry-160por tu futuro, aunque todavía te sientes niño y actúas como tal.

Los veinte nos reciben con un poco más de seriedad. Cambian nuestros gustos musicales, detestamos que nuestras madres nos den un beso en público, somos inconformes con todo y nos queremos comer el mundo.

Rozando los 25 años comienzas a poner los pies sobre la tierra. Dejas de buscar el príncipe azul o la princesa rosada. Te propones crear un hogar, tener descendencia y buscar un trabajo que te permita subsistir.

Tras ser padre, te das cuenta que has dejado de pensar en ti y que ya tus deseos no son tan importantes. Quieres lo mejor para tus hijos e intentas alargar el salario durante un mes entero.

stk23442eliTantas preocupaciones te atormentan y esa sonrisa que dibujaba tu rostro se amarga, aparecen las arrugas y se suceden los consejos basados en la experiencia.

El tiempo pasa aceleradamente y para cuando te percatas ya eres un anciano dando lata, caprichoso y criticón, al cual le quedan pocos años.

Y si aún no has perdido la memoria te detienes a pensar en todo lo que hiciste o dejaste de hacer, te reprochas las oportunidades que dejaste ir, los amores que traicionaste, los amigos que se marcharon y los sueños que nunca se cumplieron.

Entonces te das cuenta de que estás llegando a tu fin y que la madurez no es algo para ostentar sino un trayecto que solo alcanza la cúspide con la tumba.

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