La Isla en femenino

Originalmente publicado en http://www.cubadebate.cu/especiales/2015/08/23/la-isla-en-femenino/#.VdsDTMlWa2l

Por Isabel Moya

La adolescente que hoy ama sin barreras, defiende sus criterios con pasión y se sueña profesional o artista o trabajadora por cuenta propia, tal vez no es consciente de que goza de autonomía física, económica y política. Ella asume como natural estos derechos que sus bisabuelas, abuelas y madres conquistaron enfrentando los prejuicios de una sociedad profundamente machista.

Las que se reunieron hace 55 años en una calurosa tarde del 23 de agosto de 1960, cuando las mujeres de diferentes sectores crearon la Federación de Mujeres Cubanas,  en un céntrico teatro habanero, tampoco conocían los términos que se manejan en la actualidad para hablar de igualdad y justicia para las mujeres, pero heredaban una tradición que venía desde las mambisas y recorría el camino de las feministas de la primera mitad del siglo XX y de las combatientes de la sierra y el llano.  Tenían procedencias distintas pero un objetivo común: no ser solo beneficiarias sino protagonistas de sus propios destinos.

Al respecto Fidel ha señalado: “Las mujeres dentro de la sociedad, tienen intereses que son comunes a todos los miembros de la sociedad; pero tienen también intereses que son propios de las mujeres.  Sobre todo, cuando se trata de crear una sociedad distinta, de organizar un mundo mejor para todos los seres humanos… en el mundo que estamos construyendo, es necesario que desaparezca todo vestigio de discriminación de la mujer.”

La concepción teórico política sobre el tema de la discriminación de la mujer en Cuba parte de aunar el proceso emancipatorio de la nación con las especificidades de formas de opresión por motivos de raza, género,  orientación sexual,  discapacidad y otras lesivas a la dignidad humana.

Con ese agosto de 1960 comenzó, entonces, un proceso de cambios vertiginosos: las cubanas fueron a alfabetizar, se incorporaron al estudio en la Escuela para Campesinas Ana Betancourt o en los planes de beca, salieron a manejar tractores y el pueblo las llamó las pikolinas[1], asaltaron las universidades, aprendieron de planificación familiar, se hicieron científicas, fueron electas a las distintas instancias del gobierno.

mujeres-cubanasagosto12Pero no fue un camino de rosas, ni una línea recta ascendente, hubo que enfrentar los juicios de valor patriarcales, cambiar las leyes, problematizar las relaciones de pareja tradicionales y cuestionar la doble moral.  Era necesario revisitarlo todo: la historia, el concepto de familia, la moda, la escuela, la letra de las canciones, los empleos considerados femeninos y masculinos, los juegos, los juguetes…Una revolución dentro de la Revolución.

Aunque, como he afirmado en otros comentarios, no debemos dejarnos seducir por las cifras que pudieran ofrecer un espejismo de que todo está logrado, las estadísticas revelan el salto cuantitativo.  Revisemos algunas de ellas: las mujeres son el 48,86 por ciento de las parlamentarias y presiden el gobierno en 10 de las 15 provincias, algunas de las principales carteras ministeriales la ocupan mujeres. Son mayoría no solo en sectores como la salud y la educación, sino en la fiscalía y la contraloría.

Se ha potenciado un  empoderamiento real que tiene como pilares fundamentales la igualdad en el acceso, la educación y la participación consciente y protagónica en el proceso de cambios lo que afianza la autoestima individual y el reconocimiento en los imaginarios socialmente compartidos.

mujeres-cubanasagosto19-580x392De ahí que la universidad se feminiza, pero la presencia de mujeres en los empleos que requieren preparación universitaria también, o que la presencia en especialidades no tradicionales deja de ser anecdótica para convertirse en significativa. Se estrecha la brecha entre la igualdad normativa y la igualdad real.

Detrás de las cifras están las plurales historias individuales que ilustran el enfrentamiento a los prejuicios machistas, las barreras derribadas… la transformación de la familia y de las masculinidades que comienzan a incorporar formas no hegemónicas de relación, con paternidades más involucradas.

La Federación de Mujeres Cubanas ha sido un ámbito donde se han gestado y generado las estrategias y acciones propulsoras de estos cambios.  Por una parte, como mecanismo del estado cubano para el adelanto de la mujer[2], al proponer o impulsar legislaciones e interactuar con los organismos de la administración central del estado para visibilizar las problemáticas específicas de las mujeres. Por otro lado, en su labor como organización de masas que promovió la incorporación de las mujeres tocando puerta por puerta.

Más de medio siglo después enfrenta la necesidad de adecuarse a los tiempos actuales, a los desafíos que las metas alcanzadas imponen.  Entre ellos pudiéramos enumerar: abordar a las mujeres en su diversidad, atraer a las jóvenes, desterrar la percepción de que el funcionamiento se concreta en reuniones y utilizar formas nuevas de convocar y actuar, propiciar el debate teórico sobre género y feminismo desde la mirada cubana,  ampliar la incidencia de las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia.

mujeres-cubanas-agosto01-580x395La Federación deberá velar porque en los procesos de actualización del modelo económico no se pierda lo logrado hasta ahora por las mujeres, y que se propicie una verdadera cultura de la igualdad como postulan los objetivos de la Conferencia del Partido.

Por otra parte, debe asumir que, si bien, es en las relaciones de pareja y en el hogar donde más se evidencian los rezagos de una ideología patriarcal esta se manifiesta aún en muchos aspectos de la vida social. A nivel ideológico se superponen las tradicionales visiones de lo considerado femenino y masculino con los nuevos modelos.  Pudiéramos hablar de un híbrido en el que se están gestando, tal vez, los nuevos paradigmas.  Me refiero, por supuesto, a tendencias, pues como en todo proceso social el espectro abarca desde los sujetos más apegados a la cultura patriarcal hasta los más transgresores de las asignaciones de género.

La ideóloga de este proceso, su más genuina representante, una de las más importantes defensoras de las mujeres en el continente en el siglo XX, Vilma Espín, explicaba que la labor sería cada vez más difícil, pues habría que continuar hasta alcanzar toda la justicia.

Por eso las muchachas de hoy, que llegan a la FMC,  una organización que cuenta con más de cinco decenios de trabajo y cuatro millones de mujeres en su membresía, deben imprimirle las dinámicas que los cambios imponen.  Pero como sus abuelas y madres, se reconocerán en los versos de Dulce María Loynaz:

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…

Si me quieres, quiéreme negra
y blanca.
Y gris, y verde, y rubia, y
morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!…

Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… O no me quieras!

Notas
1 Los tractores en ese momento eran marca Pikolinos

2 Lo que en otros contextos se conoce como ministerios o secretarías de la mujer.

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